pero cada caída me ha dejado una enseñanza. Y las caídas más dolorosas han sido por haber confiado absolutamente en personas que NO se lo merecían. De ello aprendí con muchas lágrimas que NO todo es lo que parece y que a veces necesitamos desconfiar un poco. Tampoco se trata de ir por la vida desconfiando de todos y de todo pero sí tener una cuota de desconfianza para estar prevenidos por si nos decepcionan. Así no nos dolerá tanto habernos equivocado.
A veces necesitamos estar más atent@s para ver las señales porque Dios en su inmenso amor siempre nos manda señales para evitarnos el dolor de la decepción.
Que tengan una bendecida tarde.
Jhaba
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